miércoles, 29 de agosto de 2018

EL CRIMEN DE BELÉN (6ª parte de 7)



Os lo dije en el primer capítulo, en el que me describía yo a mí mismo a la perfección, aquel capítulo donde me conocisteis cuando encandilé a María y a Luisa. Os dije que esos cabrones de Homicidios querían implicarme en lo de Belén y la playa de Gandia. Y me pringaron. Los de Homicidios, me espiaron día y noche, semana tras semana a mí y a toda mi familia. Esos polis lograron reunir en una maldita caja un total de 131 cintas donde salía mi voz, la de mi madre y la de mi hermano. Todo les vale para colgarme el marrón de aquel agosto de 1990 en la playa de Gandia. A mí, que como sabéis, soy un chico atractivo, cachas, al que le gusta darle a las mujeres lo que piden, aunque no lo pidan pero a mí me pone verles la cara de susto y dejarles mi huella.


Yo creo que la culpa de todo esto lo tienen el padre y la madre de Belén, un matrimonio que ha perdido a su hijita y que como están muy bien posicionados en Madrid buscan y rebuscan para averiguar con quién se marchó, y nunca mejor dicho, su hija esa noche. Yo sí sé con quién me marché. Belén también sabe con quién se marchó esa noche. Y lo peor de todo es que todos les hacen caso, han puesto toda la maquinaria del estado policial a buscarme las cosquillas. Y no solo a mí, sino a toda mi familia. 

Me sientan en una sala y ponen una cinta con la voz de mi madre y la de mi hermano Luis que está estudiando en Estados Unidos…

Luis: Te mandé una carta… esa en la que te puse lo de Roberto.
Madre: A mí no me ha llegado nada.
Luis: Pues a mí me extraña de que… iba lo de Gandia… iba lo otro…
Madre: Pero te dije que no explicaras demasiado, que me dijeras… ¿qué ponía?
Luis: Por encima, sabes ¿… lo que hicimos, pero… que… no sé, todavía no sé lo que pasó con lo de Gandia; lo que hacíamos… que las vimos… que estuvimos con ellas… hola, buenos días y ya está.
Madre: Ah! Buenos días… pero tú de ese día no sabes nada…?
Luis: Ese día… yo me fui pronto a casa, el Roberto volvió más tarde, pero me extraña… no creo que haya pasado nada.
Madre: ¿Pero estuvo él ese día con ella?
Luis: Pues… a primera hora de la noche. A primera hora de la noche estuvimos mi hermano y yo con ellas, luego se fue mi hermano, me quedé yo con ella, ella no salió, y luego… yo no se si me fui a casa y Roberto siguió con ella o no sé…

Madre: Pero tu ¿hasta qué hora estuviste con ellas?
Luis: No, yo no estuve… o sea estuve media hora con ellas.
Madre: A las nueve de la noche?
Luis: No, a las doce o por ahí
Madre: y te invitaron a la fiesta esa que decían en la playa?
Luis: Eh… no. Yo fui a una fiesta en la playa… no, yo no estuve… no; en la fiesta de la playa yo no fui, porque mi hermano si fue, pero esa era una fiesta fuera de la playa… no era…
Madre: Bueno, bueno…
Luis: Entonces esa no… y que luego vi a una de las amigas.
Madre: Y ¿qué te dijo?
Luis: qué tal? Y no sé qué, pero eso debe ser… que está mi hermano también… que … le conocía; si quieres yo con ellas me llevo bien con todas, lo único es que después de eso ya…; una de las amigas empezó a contar…
Madre: Pero ese mismo día estuvisteis… porque no sabes que tu hermano estuviera con ellas hasta tarde?
Luis: Nosotros las vimos un rato y nos fuimos, pero… si no… yo no sé luego qué pasaría, yo me piré.
Madre: Bueno… tú te quedaste con ellas y él se marchó.
Luis: pero yo luego me fui a casa a las cuatro de la mañana, cuando empezó
Bacarrá, la discoteca… entonces…
Madre: O sea, tu estuviste con ellas hasta las cuatro?
Luis: yo estuve… a las… entre doce y dos y media, por ejemplo, yo me fui a otro pub
Madre: él estaba allí contigo?
Luis: Él se fue también, se metió en el PK2 y luego yo, cuando me aburrí me fui a casa.
Madre: El PK2 que era?
Luis: El pub
Madre: El pub?
Luis: …donde se suponía que trabajaba Roberto.
Madre: Es que como yo leí que ellas se habían ido a la discoteca… Bueno, es igual, ya miraré a ver si llega el correo hoy, porque es tan lento…
Madre: Bueno, lo máximo que puede ocurrir es que te la devuelvan, me entiendes?
Luis: Eso puede ser…
Madre: Pero pone…
Luis: A mí ya me extraña… van tres semanas por lo menos, y a Madrid no tarda más. Le llegó la carta a Ana?
Madre: No
Luis: Pues hace bastante, la mandé en febrero más o menos.
Madre: A mí no me ha dicho nada…
Luis: Le quieren meter una cosa de… eso… de lo de Gandia o…? algo de eso?
Madre: No, de momento se paró todo, o sea que ya veremos a ver… me pone mal cuerpo…
Luis: Y a qué tuvo que ir el miércoles o el jueves al juzgado?
Madre: Pues a que le mirase el forense las heridas, pues como dice que le cortaron, pues a mirarle a ver las heridas que tiende de cuando… pero no le escribas a tu hermano nada de que te vas a ir a Cancún ni a ningún otro sitio, eh?
Luis: No, no… nada
Madre: Me refiero porque encima va a decir, él aquí…
Luis: Bueno…
Madre: Eh?
Luis: Para que no se ponga nervioso…
Madre: Nada, nada más que tu vida de allí y ya está… a ver cómo te va… nada que se pueda leer en una carta, me entiendes?
Luis: Ya, ya
Madre: O sea, tu cuando le escribas… nada que se pueda oír… o sea que si un día se pierde una carta… nada que hable de nada… nada más que vuestra vida y… de que…
Luis: Le digo yo lo que hago aquí y ya está…
Madre: Nada, que bueno… que… nada que puedan coger una carta y que ponga cosas que no debamos… vale?



Y así, los de Homicidios interceptaron todas mis conversaciones y las de mi familia en 131 cintas además de cuatro cartas mías y tres de mi hermano Luis que le habíamos mandado a mi madre. Puto sistema democrático, ahí no les duele violar mi intimidad, serán cabrones… Y ante el cariz que tomaban los hechos, la cabezonería de los policías de Gandia y los del Grupo VI de Homicidios del Cuerpo Nacional de Policía, mi mamá supo reaccionar a tiempo, dando instrucciones a mi hermano para que no nos pillaran las conversaciones ni por teléfono ni por carta, y además me contrató a lo mejor de lo mejor de la abogacía madrileña, que para eso están. Mi madre contactó con José Emilio Rodríguez Menéndez y con Marcos García Montes para que me sacaran de este embrollo, de este lío que me querían colgar los polis de Gandia y de Madrid.

Las cartas ya se habían decantado. Era normal que yo buscara cualquier resquicio legal para que no me culparan de la violación y muerte de Belén. Se destapó cuando el juzgado tuvo que comunicar a mi madre y al dueño del PK2 que sus teléfonos, por orden judicial, habían sido intervenidos. Las conversaciones ya las habían grabado, así que solo me quedaba confiar en mis abogados, no en la justicia. Por culpa de la justicia estoy yo aquí en Carabanchel preso por dos pavas pijas a las que me llevé a la oficina de mi madre, así que no pienso pagar por otro delito y menos con un cadáver por en medio. Hasta ahora me he librado de todas las violaciones que he cometido. Nunca podrán probar nada. Las tengo al querer, atemorizadas, aterrorizadas, y cuando más tiempo pasa más difícil es que me acusen de lo de Semana Santa, así que por culpa de las heridas que me causaron María y Luisa solo he tenido que pagar por ello, por esas dos niñas pijas de 14 y 16 años que por su culpa estoy aquí entre estos fríos barrotes de acero. Y por ahí no paso. No me voy a comer más marrones. Soy el puto amo y siempre he salido airoso de todas las agresiones que he cometido. Bueno, de todas menos la de las pijas. Joder, no me las quito de la cabeza, por su culpa estoy yo aquí, mi madre por ahí sufriendo por mí, y mi hermano viajando y estudiando por medio mundo. No hay derecho.

Ya os decía yo que mis abogados eran la caña. Han pedido que se anulen las conversaciones que nos han grabado a toda la familia, que lo han hecho a traición y además como saben de leyes se les ha pasado un par de días desde que el juez ordena intervenir nuestros teléfonos hasta que la Telefónica lo hace y por esos días se va a ir todo a la mierda. Son unos cracs. Son nulas de pleno derecho ya que las han obtenido ilícitamente. Que se jodan!!! Los polis, los de Gandia, los de Madrid, las niñas pijas, los padres de Belén, tooodo el mundo que se joda…. Os dije que soy el puto amo y no me creías eh!

Nos llamaron a mí y a mi madre. Esa mañana los del furgón de conducción de presos me llevaron de Picassent a Gandia. Yo había hecho noche en la cárcel valenciana y solo pensaba en ver a mi madre y abrazarla. Allí estaba, toda rubia ella y perfecta, como siempre. Al verme entrar esposado en el juzgado número tres de Gandia se levantó y quiso abrazarme. Los de verde, esos cabrones de la Guardia Civil no la dejaron. Si fueran hombres, no me lo hubieran hecho si no llego a estar esposado. Les meto una que se tragan el tricornio. Mi madre no se la toca, y si pide una cosa se le da y punto. Tiene derecho a ver a su hijo, a abrazarme, a tranquilizarme, a besarme, a tocarme… pero no, el puto sistema dice que soy un preso por violación que voy camino de otra condena. Para ellos soy escoria humana. Y una mierda. Ellos sí son hijos del sistema, del que inventaron ellos. Yo no. Yo soy libre, hago lo que me da la gana. Así me han enseñado y así lo he hecho toda mi vida. Mamá te quiero.

El repeinado del juez abre ante nosotros, ante mi madre y ante mí, las cartas que nos hemos enviado todos. Gilipollas. En la primera, facturas. En la segunda, papeles de la empresa. La tercera, el muy listo se la queda, dice que hay cosas que pueden tener relevancia con lo de Belén. Y él que coño sabrá de Belén, de la playa y de mí. Será… y la mete en un sobre grande del juzgado y nos hace firmar detrás a todos los que estamos en la habitación. Emilio Rodríguez, mi abogado, me sonríe entre esa barba canosa que le caracteriza. Este tío vale, este tío me gusta mamá.

Y el repeinado del juez dice que me siente en el primer banco de la sala de vistas. Que van a preguntarle a mi madre. Por Dios que no la metan en esto que me los cargo a todos. Por ahí sí que no paso. Le advierten que si quiere puede no declarar porque soy su hijo. A buenas horas, después de todo lo que han montado. Pero mi madre… es mi madre. Contesta con esa energía que la caracteriza y dice que no tiene miedo de nada, Que no recuerda qué apartamentos alquilamos ese maldito agosto de 1990, que solo sabe que era al final de la playa antes de llegar a unos chalets y cerca del Hotel Tres Anclas. Y no recuerda qué fecha volvimos a Madrid. Tampoco recuerda a qué hora volví yo la noche del 28 al 29 de agosto, dado que no suele controlarnos. Somos mayorcitos repeinado. Mi madre le responde al juez que se enteró de la muerte de Belén cuando bajó a tomar café, sobre las ocho o las nueve de la mañana. Solo la pillan cuando dice que al hacer averiguaciones sabe que yo conocía a Belén, Joder, mamá, me has fallado y mira que lo habíamos ensayado… Poco a poco se caldea el ambiente, veo que mi madre no está saliendo tan airosa como esperaba. Yo sudo. Es raro, porque solo me ocurre cuando hago pesas en el gimnasio. Sudo porque el repeinado del juez le pregunta por qué mi hermano Luis cuando le manda una carta a mi madre nunca cita el nombre de Belén, sino que lo hace con una “V” y un círculo… ella contesta que por el miedo que tenía a que me involucraran en el caso de Gandia. Aprieta y le vuelven a preguntar por qué mi madre nos da instrucciones por teléfono para que no hablemos del tema. Y ella contesta seria que para que no involucren a ninguno de sus hijos. Amor de madre, sí señor.

Y el pesado del abogado de Belén erre que erre. No está contento con haberme traído de Carabanchel aquí que ahora empieza a meterme el miedo en el cuerpo. Otro gilipollas. Va y me pregunta si soy zurdo o diestro. Pues claro que soy zurdo, no lo ve? Pero mi abogado sale al quite de esta pregunta envenenada y me pregunta si tenía yo el brazo escayolado. Yo le digo que sí, que tenía el brazo zurdo escayolado. Y de repente, otra vez… el abogado de Belén… que si cuando fui a Madrid a firmar al juzgado estaba escayolado o no. Joder…. Que nos pillan. Si fui a firmar… y soy zurdo… y firmé… pues cuando fui a Madrid no llevaba la escayola. Y para qué coño querrá saberlo si yo fui a Madrid el 14 de agosto y volví. Putos picapleitos liantes…

Os acordáis del matrimonio de Madrid que me vio en el Bacarrá? Pues dale que te pego, otra vez. Y me preguntan por ellos. Sí, los conozco, no sé cómo se llaman, pero estaban casados y no tenían hijos. Mira… el picapleitos de Belén frunce el ceño. Será gilipollas el tío. Y se pasan media hora preguntándome si conocía a Belén, si me dijo lo de las llaves, si había hablado con ella, si Belén, si Belén, si Belén… y yo a todo no. Parecía el Doctor No.

Y vuelve el repeinado del juez a preguntarme a qué hora volví a casa esa noche. Joder, a la hora normal, a las seis de la mañana por lo menos. Y sí, me fui solo, dejé al matrimonio y al dueño del PK2 cuando cerraron Bacarrá y me fui a mi casa andando al final de la playa sí. Vamos con la siguiente pregunta señor juez. Un respeto a Su Señoría, usted se calla y aquí quien dice las cosas soy yo no usted, entendido? Vaya rapapolvo que me pega el repeinado. Ahora me pregunta si estoy dispuesto a someterme a una prueba hematológica. Pues si, no tengo nada que esconder. Y el abogado de Belén me pregunta a qué fui yo a Madrid el 14 de agosto de 1990. A ti te voy a contestar… pues me negué a decirle la verdad. Me negué a contestarle. Si quería que le dijese que fui a firmar porque estaba en libertad condicional acusado de un delito de violación y otro de abusos sexuales, pues se quedó con las ganas. No contesto a esa pregunta señor letrado ¿se dice así?

Y me subo al furgón de nuevo. No me dejan despedirme de mi madre. El protocolo de conducción de presos es muy estricto. Y una mierda. Mira Julián Muñoz. Y de vuelta a Picassent y de ahí a la mañana siguiente a Carabanchel. Allí me llega una buena noticia. Gabriela Bravo, la fiscal confirma lo de mis abogados, que en aras de la seguridad jurídica, decreta la nulidad de las intervenciones telefónicas. Esto pinta bien. Son unos putos cracs esos abogados míos.

Ale repeinado juez, chúpate esa…


1 comentario:

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